28/12/15

Un cohete que se come la basura espacial

En marzo de 2013, un satélite experimental ruso quedó destrozado al chocar con un trozo de chatarra espacial. Este proyectil, que golpeó al aparato a casi 10 kilómetros por segundo, era un pedazo de un satélite chino que Pekín decidió destruir lanzándole un misil en 2007, generando 3.000 trozos más de basura para la órbita terrestre. Ya son cientos de miles los objetos que amenazan el orden y la seguridad alrededor de la Tierra. Y no es solo un problema para los satélites: a finales de 2014 la Estación Espacial Internacional tuvo que improvisar el uso de unos propulsores para quitarse del camino de un trozo de chatarra que amenazaba a los seis astronautas que la ocupaban.

En este peligroso escenario, las agencias espaciales y expertos de todo el mundo se han movilizado para tratar de dar solución al problema. Ya no vale con hacer un seguimiento de los más de 170 millones de pedacitos de chatarra (30.000 de más de 10 centímetros), urge empezar a recoger. La Agencia Espacial Europea, por ejemplo, ya tiene en marcha un programa para combatir estos desechos en el que participa España.

Uno de los principales problemas para recoger estos restos provocados por satélites y otros objetos surge de la autonomía de un posible camión de la basura espacial: la cantidad de combustible que lo mantenga limpiando la órbita es una gran pega que limita la capacidad de esta hipotética nave. Ahí es donde cobra interés la propuesta que acaba de realizar un equipo de ingenieros chinos: usar la propia chatarra para nutrir los motores. Una aspiradora espacial que se alimenta de los desperdicios que recoge.

Así, este ingenio chino propone usar los pedazos para convertirlos en plasma, un combustible de energía eléctrica que ya se usa en la exploración espacial. En su ejercicio teórico, estos investigadores de la Universidad Tsinghua proponen el uso del aluminio de los trozos medianos ya que es uno de los elementos más comunes, tras recogerlos con una red (que es el método más habitual propuesto por las agencias espaciales). Según su idea, que han publicado en Arxiv, los restos primeros serían reducidos a polvo en un molino. En la siguiente fase, el polvo se calienta a altísimas temperaturas y se separan iones positivos y negativos que, al expelerlos con fuerza, impulsan la nave.

"Al expulsar esta carga a gran temperatura y alta presión, impulsada desde el motor, se obtiene un empuje continuo. Este impulso se puede usar para llevar a cabo las maniobras y para que la nave espacial avance al encuentro con los escombros. Las partículas expulsadas serán empujadas lejos de la órbita circunterrestre por el viento solar", indican los investigadores chinos.

Aunque se trata de un simple ejercicio teórico, se trata de una propuesta que podría resolver muchos problemas: "Por un lado, utilizando el motor de desechos como el propulsor de la nave espacial, se limpia el espacio de una forma eficaz. Por otro lado, la nave espacial consigue propulsión para la próxima acción. Y más importante aún, ofrece una nueva idea para la exploración de asteroides y vuelos interplanetarios por su suplemento de combustible sostenible", defienden.



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